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El poder del juego: cómo estimular el desarrollo sensorial de niños y niñas de forma divertida

Al nacer, la mayoría de nuestros sentidos están latentes y deben estimularse de manera paulatina según la capacidad de desarrollo de cada bebé. En el artículo de hoy vamos a ver qué relación hay entre el juego y el desarrollo de estos sentidos.

Los sentidos al nacer

Mientras los bebés están en el útero, sus cinco sentidos empiezan a desarrollarse. Durante las semanas que corresponden al primer trimestre de embarazo, se desarrollan el tacto, el gusto y el olfato; en cambio, la vista y el oído tardarán un poco más, ya entrados en el segundo trimestre.

Así, el tacto es el primer sentido que se desarrolla, hacia la octava semana de embarazo, primero en la zona facial y más tarde en otras partes del cuerpo, como las palmas de las manos y las plantas de los pies. Al nacer, es el sentido con el que más aprenden de nuestro alrededor, siendo capaces de sentir diferentes texturas y temperaturas; además de proporcionarles un sentimiento de seguridad que les anima a descubrir su entorno. El sentido del olfato también está muy desarrollado al nacer. El bebé es capaz de reconocer el olor de su mamá y de las otras personas que lo cuidan, estableciéndose así el apego entre ambas partes. Respecto al gusto, hay estudios que establecen la predilección por los gustos más dulces al nacer, como el de la leche materna o la de fórmula; y, a medida que van creciendo, van tolerando nuevos gustos de los alimentos que se van introduciendo en sus dietas.

Los dos sentidos que al nacer no están tan desarrollados son la vista y el oído. Cuando un bebé nace, su visión es borrosa y no tiene capacidad para enfocar objetos; ven en blanco y negro y, aunque pueden distinguir fuertes contrastes, necesitarán fortalecer los músculos oculares para que su vista se agudice y puedan percibir colores y detalles. En cuanto al oído, sabemos que son capaces de reconocer la voz de su mamá y otros sonidos con los que se han familiarizado los meses que han estado en el útero, pero aún tardarán un tiempo para poder distinguir entre tonos y frecuencias de sonido con mayor precisión.

La importancia de estimular los sentidos

Es durante los primeros años de vida de nuestros niños y nuestras niñas cuando se construye una base sólida para el crecimiento cognitivo, emocional y físico que les acompañará el resto de sus vidas. Esto es posible gracias a la plasticidad excepcional que caracteriza al cerebro, haciéndolo altamente receptivo a las conexiones neuronales del bebé.

Estas conexiones neuronales se llaman sinapsis. La sinapsis es el punto de comunicación funcional entre dos neuronas, o entre una neurona y otra célula. Algunos estudios indican que el cerebro de un bebé es capaz de crear hasta 1,8 millones de nuevas conexiones sinápticas por segundo, y serán las experiencias del bebé las que determinen qué conexiones conservará y cuáles perderá. Las sinapsis se forman y se fortalecen como respuesta a la estimulación y la experiencia que reciba el bebé, por lo que contribuyen directamente con su aprendizaje.

Tal y como indica la Organización Mundial de la Salud, el entorno en el que un o una peque crece, influirá de manera directa y decisiva en su desarrollo cerebral. Si privamos a nuestro pequeño o pequeña de experimentar y lo mantenemos al margen del transcurso de la vida y sus experiencias, estaremos delimitando y perjudicando sus conexiones neuronales. En cambio, si permitimos que puedan desarrollar y estimular sus sentidos, involucrándonos y guiándolos en su desarrollo, les permitiremos satisfacer sus necesidades biológicas y su motivación innata por aprender. Y es que durante los primeros tres años de vida de nuestros y nuestras peques, se produce el 85% de su desarrollo neuronal, el mismo que favorecerá su capacidad de comunicación y comprensión, además de su desarrollo y bienestar social. María Montessori caracteriza estos tres primeros años de vida de la mente del niño o de la niña por una intensa absorción; hace el símil de la mente con una esponja que absorbe, de manera inconsciente, toda la información que percibe de los estímulos externos.

Juegos para estimular los sentidos

Cómo sabemos, nuestros niños y niñas integran mejor toda aquella información cuando lo hacen de manera lúdica y divertida; es por ello que a continuación os proponemos algunos juegos para estimular los cinco sentidos. Hay que tener en cuenta las necesidades y ritmos de cada peque, además de la realidad de cada familia.

  • Estimular la vista: recordemos que al nacer, el bebé lo ve todo en blanco y negro y apenas discrimina nada; por lo que será muy importante ir adaptándonos a sus características. Podemos utilizar tarjetas de contraste en blanco y negro, y luego ir introduciendo colores como el rojo. Para cuando ya son más mayores, podemos crear ambientes de juego en los que el pequeño o la pequeña pueda ir buscando objetos, pueda hacer rompecabezas y o hacer juegos de memoria con tarjetas ilustradas para que busque las parejas o las relaciones entre imágenes (por ejemplo, un nido con un pájaro; un bebé con una barriga, etc.). También podemos estimular la vista con cuentos infantiles que tengan imágenes coloridas y con detalles, que podemos ir buscando a medida que leemos con ellos y ellas.
  • Estimular el gusto: estimular el gusto cuando empiezan con la alimentación complementaria puede resultar beneficioso; en esta, niños y niñas podrán explorar diferentes gustos y texturas a través de los alimentos que les ofrecemos y las diferentes maneras de cocinarlos. Además, los podemos involucrar en la elaboración y preparación de las comidas; prepararles juegos dónde tengan que adivinar el alimento según su gusto; organizar catas de comida, etc.
  • Estimular el olfato: este sentido está muy relacionado con la memoria y las emociones, por lo que las actividades que les preparemos para desarrollar el olfato pueden tener un gran impacto a largo plazo. Una actividad genial para estimular el sentido del olfato es explorar la naturaleza en diferentes excursiones, y poder oler las flores, los árboles, la tierra, el mar, etc. También podemos prepararles viajes olfativos, que consisten en preparar ingredientes y elementos típicos de diferentes culturas y poder hablar sobre ellas, relacionando el lugar con el olor.
  • Estimular el oído: es muy importante el desarrollo del oído para comprender el mundo que nos rodea y para potenciar el lenguaje y la conciencia del sonido. Podemos jugar con diferentes músicas y así motivar a que se muevan y aprendan bailes; pueden explorar con instrumentos musicales e, incluso, pueden tratar de fabricarlos ellos y ellas mismas; al aire libre podemos ir a conciertos, escuchar sonidos de la naturaleza, explorar sonidos cotidianos (el tráfico, el viento, etc.)… ¡Hay un sinfín de actividades para agudizar su oído!
  • Estimular el tacto: el primer sentido que desarrollamos y, sin duda, unos de los canales más importantes a la hora de explorar el mundo; estimular el tacto es esencial para el desarrollo sensorial y cognitivo de nuestros peques. Algunas actividades que podemos hacer: cajas con diferentes texturas para que introduzcan las manos y adivinen qué hay o describan las sensaciones; masajes y caricias que también les ayudará a relajarse; realizar manualidades y pintar con las manos; dejar que se ensucien jugando y que exploren su entorno; etc.

Como podemos ver, no hacen falta muchos objetos ni una gran inversión de dinero para desarrollar los sentidos de nuestros niños y niñas de una manera lúdica. Nuestro día a día está repleto de oportunidades en la que nuestros peques no sólo explorarán y comprenderán el mundo que les rodea, sino que también tendrán la posibilidad de desarrollar habilidades cognitivas, emocionales y sociales; fomentarán el aprendizaje temprano, la creatividad, la autoconciencia y el disfrute de la vida, entre otras muchas cosas. ¿Y en casa, estáis haciendo o tenéis pensado hacer alguna de estas actividades?

Autora: Laia Ruiz. Educadora Social.

FUENTES

Córdoba Navas, D. (2011). Desarrollo cognitivo, sensorial, motor y psicomotor en la infancia. IC editorial.

Giner, M. (2010). Mi hijo aprende jugando. Larousse.

Organización Mundial de la Salud. https://www.who.int/es

Ribes, Mª. D. (2011). Desarrollo cognitivo, sensorial, motor y psicomotor en la infancia: educación infantil. MAD.