¡Oh no, me he hecho pipi en la cama!

En el artículo de hoy ofrecemos información útil sobre uno de los problemas que más suele preocupar al seno de las familias. Nos referimos a la denominada enuresis, cuando nuestro hijo es incapaz de retener el pis o despertarse para ir al baño, evacuando y haciéndolo en la cama. Esta problemática consiste en la emisión de orina, ya sea durante el día en la cama, por la noche o en ambos momentos, después de una edad en la que el niño ya debería haber aprendido a controlar la micción. En la gran mayoría de casos corresponde a un retraso de la maduración del sistema nervioso. Tiene que quedar claro que no lo hacen para llamar la atención y conforma un hecho que les provoca mucha vergüenza. Es de vital importancia la comprensión de las familias hacia el problema para saber qué hacer y pedir ayuda.

Proceso evolutivo

Alcanzar el control de los esfínteres anal y vesical permite que la micción y la defecación sean voluntarias y se consideran importantes hitos en el proceso madurativo infantil. Los trastornos de la eliminación consisten en una incapacidad para controlar de forma voluntaria la emisión de orina (enuresis) o de las heces (encopresis), en el tiempo que se considera normal. Pueden darse de forma aislada o combinadas y habitualmente son de causa funcional, a diferencia de la incontinencia urinaria o fecal, que son debidas a causas orgánicas. Pueden coexistir con diferentes enfermedades médicas o psiquiátricas, aunque rara vez hay causas psicopatológicas subyacentes. Pero a veces la incomprensión de los padres hacia el problema o la existencia de otros factores de estrés familiar pueden contribuir al desarrollo de problemas emocionales y conductuales asociados.

La habilidad para orinar o inhibir la micción es un proceso evolutivo que está condicionado por múltiples factores genéticos, orgánicos o funcionales. Hasta los dos años de edad, los niños adquieren la sensación consciente de la plenitud vesical, por ejemplo, notar llena su vejiga. Al acercarse al inicio de tercer año logran la habilidad para orinar o inhibir la micción. Hacia los cuatro años, casi todos los niños adquieren el patrón miccional del adulto. En diferentes pasos de este proceso se pueden aprender comportamientos “incorrectos”. A medida que la capacidad vesical aumenta durante el entrenamiento del control de esfínteres, se comienza a retener orina por períodos más prolongados y se aprenden maniobras de retención para inhibir el deseo de orinar.

 

¿Cuándo y por qué puede aparecer?

Nos centramos en la enuresis por su mayor prevalencia en la población, es del 5-10% a los cinco años, 3-5% a los 10 años; este tanto por ciento disminuye hasta alrededor del 1% en adolescentes. La incapacidad para controlar las micciones durante el sueño, suele aparecer entre los cuatro y cinco años, sin existir indicios de patologías fisiológicas. Es más frecuente en varones a partir de los cinco años.

Algunos autores consideran que los niños con enuresis presentan una evidente disociación cuerpo-mente.  Y  otros,  que  es  indudable  que  la  enuresis  se  acompaña  de  determinada situación familiar, ambiental, que genera en el más pequeño inseguridad o inestabilidad emocional o incluso física. Influyen agentes estresores como separación de padres, nacimiento de un hermano, pérdida de algún familiar o la adaptación escolar. Para ellos supone un conflicto. Además, cabe destacar que cuando la familia reacciona de forma pasiva, se puede agravar la vivencia por la falta de amor que se le hace sentir al niño.

Como dato, reseñable y curioso, según algunos estudios, cuando los niños son preguntados sobre el motivo por el que se hacen pipí en la cama, responden que deben resolverlo sin que nadie se entere, como si fuera un secreto ya que, de lo contrario, la gente podría burlarse. Por ello, no sirve la culpabilización, puesto que si se le recrimina o se le castiga porque mancha su ropa o sábanas, pueden llegar a generarse sentimientos de culpa o ansiedad.

Tratamiento

La enuresis nocturna debe ser tratada por los profesionales de pediatría o de salud mental, gracias a diferentes pautas, terapia desde diferentes enfoques y técnicas de juego libre o semidirigido ayudarán a revertir la problemática. Con los padres, la intervención se lleva a cabo en la línea de la orientación con respecto a la adecuada dinámica familiar, así como preventiva acerca de ciertas pautas o prácticas de riesgo que se llevaban a cabo dentro de ésta. También el uso de los sistemas de recompensa (estrellas o dibujos) cuyo objetivo es reforzar positivamente las noches secas y reducir el énfasis negativo acerca de las camas húmedas. Estas técnicas pueden emplearse desde los cinco años en adelante.

Sea como fuere, siempre se deben implicar tanto al niño como a la familia. El consejo del equipo profesional es esencial para reducir los sentimientos de culpa del niño y las tensiones en la familia. Se le explica que otros muchos niños tienen el mismo problema y que él va a poder participar en unas actividades que le ayudarán a corregir la enuresis. Además, no es recomendable el uso de pañales. Se debe proteger el colchón. Puede ser útil la restricción de líquidos o bebidas con propiedades diuréticas horas antes de ir a la cama puede ayudar. Insistimos en que no hay que reñir, ni culpabilizar si se moja la cama.

Por último, si tenéis cualquier duda, consulta a un profesional. Puede ayudaros con pautas e incluso con libros explicativos sobre el problema y su tratamiento, uso de alarma urinaria y cómo recompensar las noches secas, evitando el castigo durante las noches húmedas y despertar al niño para orinar. Recuerda que todo ello es significativamente más eficaz que no hacer nada.

“Lo que oigo, lo olvido; lo que veo, lo recuerdo; lo que hago, lo aprendo.” Antiguo proverbio chino

 

Autora: Belén Aglio, Psicóloga.

Bibliografía

 

-Guillén, R. H., & Alfageme, M. R. (2014). Trastornos de la eliminación: enuresis y encopresis.

 

-Ortíz, G. O., & Gómez-Maqueo, E. L. Enuresis y encopresis: tratamiento a través de la psicoterapia de juego. Psicopatología, riesgo y tratamiento de los problemas infantiles, 95.