La música nos acompaña en todas las facetas de nuestra vida, y en Educación Infantil se
vuelve un recurso educativo imprescindible. Vamos a ver cómo podemos trabajarla en el aula
y qué beneficios aporta a los y las más peques.
2026-01-28
El oído, el origen de todo
El primer sentido que se desarrolla en el vientre materno es el oído. Desde bebés, el sonido
nos envuelve, nos calma y nos conecta con nuestro entorno. De hecho, reconocemos voces,
ritmos y melodías mucho antes de comprender las palabras y poder hablar, por eso, la
relación temprana con la música deja huella en el desarrollo emocional y cognitivo de los
niños y niñas.
Se dice que el proceso de musicalización de los y las más peques se hace de manera natural,
progresiva y experimental, siempre y cuando exista un entorno sonoro. Las canciones de cuna
suelen ser las primeras que escuchan. A partir de ellas, se fomenta la imaginación y la
creatividad, además se refuerza el vínculo afectivo con la persona referente, aportando una
sensación de seguridad y bienestar. A partir de aquí, la música se vuelve una herramienta
fundamental en el día a día de la etapa infantil.
La voz y el cuerpo como primeros instrumentos
De manera innata, los bebés experimentan sonidos con su propia voz y su cuerpo. Balbuceos,
gritos, palmadas, golpes o movimientos repetitivos forman parte de las primeras
exploraciones sonoras y rítmicas. Con el tiempo y gracias a la experiencia, empezarán a
descubrir las múltiples posibilidades sonoras que tienen.
A partir de la voz, niños y niñas juegan con el sonido, la intensidad y la entonación. Esto
sentará las bases del lenguaje y la comunicación. Por su parte, el cuerpo se encargará de ser
un medio de expresión que les permite acompañar el ritmo y relacionar el movimiento con el
sonido. Ambos instrumentos se vuelven muy importantes en la etapa infantil, puesto que allí
se sientan las bases para expresarse libremente. Cantar, acompasar, imitar sonidos y gesticular
con las canciones permite a los niños y niñas desarrollar la escucha, la atención y la
conciencia corporal. Además, aprenden que el propio cuerpo es válido para crear, expresarse
y comunicarse.
El ritmo en la escuela
En educación infantil, la música es un recurso educativo muy valioso. Su objetivo no es que
bebés, niños y niñas tengan conocimientos musicales formales, sino que experimenten,
sientan, disfruten y aprendan a través de la música.
El ritmo suele interiorizarse de manera natural. Está presente en todos lados, desde el corazón
o nuestra respiración hasta en la forma de caminar o aplaudir. A través del propio cuerpo,
niños y niñas descubren la secuencia y la repetición. En el aula, el ritmo se trabaja de manera
espontánea, mediante juegos, canciones o danzas. Estas propuestas fomentan la coordinación,
la atención, el control del cuerpo y la memoria, además de ejercitar la escucha activa, el
respeto por los tiempos y las esperas.
La música acompaña a estructurar el día a día escolar. Las canciones marcan el inicio de la
jornada, las transiciones y anticipan lo que va a suceder. Por ello, la música no es solo aquello
que se escucha mientras hacemos cosas, sino que se vuelve una herramienta clave para el
aprendizaje en esta etapa inicial.
Maneras de trabajar la música en la escuelita
En muchas escuelas de primaria, la música se organiza dentro de una asignatura concreta. En
ocasiones, se amplía para trabajar fiestas, tradiciones o momentos especiales; pero, en
general, no siempre se concibe como un eje transversal.
En cambio, en Educación Infantil, al no existir asignaturas marcadas, la música se vive de
manera global e integrada en el día a día del aula. Cada vez son más las escuelitas que la
incluyen dentro de su proyecto de centro y de su programa pedagógico, reconociendo su
valor educativo y su impacto en el desarrollo infantil.
Trabajar la música en la escuelita implica ofrecer experiencias musicales significativas a
partir del juego, la experimentación y la exploración. Como hemos dicho anteriormente, el
objetivo no es enseñar conceptos musicales de forma teórica, sino crear situaciones en las que
niños y niñas puedan escuchar, cantar, crear, moverse libremente y, en definitiva, disfrutar de
la música.
Además de ofrecer propuestas con el cuerpo, la voz y los instrumentos musicales, podemos
trabajar la música en la escuelita a partir de objetos y materiales de nuestra cotidianidad.
Elementos como botellas, telas, cajas, cubiertos, etc. se convierten en recursos para
experimentar y explorar sonidos, intensidades y ritmos.
Por otra parte, los alimentos también son una propuesta muy interesante para trabajar la
música. A través de la manipulación, niños y niñas pueden descubrir diferentes sonidos al
golpearlos, agitarlos, dejarlos caer, etc. Las frutas, las verduras, los granos, las legumbres o
envases con alimentos en su interior se convierten en elementos sonoros idóneos para
experimentar y jugar.
La escucha también es importante en el trabajo musical durante esta etapa. Ofrecer a los
niños y niñas músicas de diferentes estilos, sonidos y ritmos ayuda a desarrollar la atención
auditiva y la sensibilidad sonora.
Por último, el silencio forma también forma parte de este trabajo musical en la escuelita.
Aprender a escuchar, detenerse y guardar silencio permite que los niños y niñas perciban los
sonidos, sientan su cuerpo y conecten con el entorno de manera más consciente y calmada.
Beneficios de la música en la etapa infantil
La música aporta múltiples beneficios a los niños y niñas desde edades muy tempranas.
Cuando forma parte de su día a día y no está aislada a momentos puntuales, se convierte en
un recurso educativo que acompaña el desarrollo integral de manera natural y significativa.
Veamos algunos de sus beneficios:
– Desarrollo cognitivo. La música estimula la atención, la concentración, la memoria y
la capacidad de anticipación. Además, contribuye a desarrollar el pensamiento, el
lenguaje y la escucha activa.
– Desarrollo corporal y motor. Bailar y acompañar canciones con gestos favorece la
coordinación, el control del cuerpo, el equilibrio y la consciencia corporal.
– Desarrollo emocional. Cantar, escuchar o moverse al ritmo de la música permite
expresar, comunicar y regular emociones.
– Desarrollo sensorial y auditivo. Escuchar diferentes estilos musicales, aprender a
sentir el entorno y captar el silencio, fortalece la sensibilidad auditiva, la atención y la
capacidad de captar estímulos sonoros.
– Desarrollo creativo. La música invita a explorar sonidos, inventar canciones,
movimientos y jugar con distintos ritmos. Estas experiencias potencian la creatividad,
la imaginación y la capacidad de resolver problemas, favoreciendo el pensamiento
flexible y original de niños y niñas.
– Desarrollo social. La música puede compartirse y permite crear vínculos tanto entre
iguales como con las personas adultas que acompañan a las infancias. Esto les
fortalece el sentimiento de pertenencia y el respeto hacia el otro, entre otras cosas.
En definitiva, hemos visto que la música en Educación Infantil no es un complemento, sino
una herramienta que acompaña y potencia el desarrollo integral de los niños y niñas.
Trabajándola de manera vivencial y experimental, es una herramienta que conecta con la
creatividad, la expresión, la imaginación y el disfrute, sentando las bases para aprendizajes
futuros.
Integrar la música en el día a día del aula permite que los y las más peques se familiaricen
con los sonidos, los ritmos y el silencio. Y en vuestra escuelita, ¿cómo se trabaja la música?
Laia Ruiz. Educadora Social.