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Niño soplando pompas de jabón

La memoria en la primera etapa de infantil

  • 2024-11-14

Se dice que la memoria empieza a desarrollarse en el vientre materno, pero la mayoría de personas empiezan a tener recuerdos a partir de los 3 años. Sea como sea, la memoria es una de las mayores herramientas que tenemos. Nos permite recordar, resolver, identificarnos, interactuar y, sobre todo, aprender. En el blog de hoy vamos a conocer un poquito más sobre la memoria en la etapa de Educación Infantil.

 

¿Qué es la memoria?

La memoria es una función cognitiva del cerebro, no solo es una función humana, sino que también es habitual en algunos animales. Podemos decir que es la capacidad del cerebro de retener información y poder recuperarla de manera voluntaria. La memoria nos permite recordar hechos, sensaciones, ideas, identidades y, además, podemos conectar todo aquello que recordamos.

La memoria es plástica, es decir, posee la capacidad de cambiar y adaptarse ante nuevas experiencias y aprendizajes. Gracias a esta plasticidad, el cerebro puede formar conexiones neuronales y reorganizar las existentes, hecho que será muy importante para nuestro desarrollo cognitivo, especialmente durante nuestra infancia, ya que el cerebro está en la etapa más flexible y receptiva.

Siegel y Payne (2012) explican el funcionamiento de la memoria con el ejemplo de una niña que recibe un chicle al acabar la clase de ballet y la niña esperaba que al finalizar cada clase, hubiera un chicle de recompensa: una experiencia (en el caso del ejemplo, una clase de ballet), hará que ciertas neuronas se enciendan, y estas neuronas puedan conectarse a las neuronas procedentes de otra experiencia previa (en el ejemplo, recibir un chicle). Por lo que cada vez que se repita en nuestra vida la primera experiencia (la clase de ballet), nuestro cerebro la vinculará con la segunda (recibir el chicle).

 

El desarrollo de la memoria en la primera infancia

Cuando hablamos de memoria, solemos referirnos a la memoria explícita, es decir, un recuerdo consciente de algo pasado; pero a lo largo de nuestra infancia, especialmente durante la primera etapa de esta, pasamos por diferentes tipos de memoria.

Algunos estudios destacan la memoria implícita. Siegel y Payne (2012) exponen que, a pesar de codificar la memoria implícita a lo largo de nuestra vida, los primeros 18 meses de vida de una persona “solo” codificamos implícitamente. De esta manera, nuestros bebés codifican olores y voces de su hogar, el placer de la leche tibia, las respuestas de su mamá, entre otras cosas, y empiezan a reconocer su entorno. Además, gracias a los recuerdos implícitos, empezaremos a construir expectativas sobre cómo funciona nuestro alrededor, además de mantenernos a salvo y fuera de peligro.

Hemos avanzado que los niños y niñas empiezan a tener recuerdos a partir de los 3 o 4 años, aun así, hay peques que tienen recuerdos anteriores. Eso es porque se ha asumido que la memoria se da de diferentes maneras y que cada etapa vital tiene unas características. A los recuerdos anteriores a los 3 años se le llama amnesia infantil. Podríamos definir la amnesia infantil como la incapacidad para recordar aquello que sucedió durante nuestra primera infancia; de esta etapa conservamos las habilidades adquiridas, pero no recordamos cómo lo hicimos.

Por otro lado, se han hecho investigaciones que demuestran que la memoria tiene grandes modificaciones durante nuestros primeros años de vida. Algunas de estas modificaciones son en la cantidad de cosas o eventos que recordamos o el tiempo en el que mantenemos la información. Los estudios nos cuentan que niños y niñas que tienen 5 años o más, y que tienen el habla más consolidada, son capaces de recordar con más detalle aquello que sucede, especialmente en el día a día, y lo pueden retener durante más tiempo. A partir de esta edad podemos hablar de memoria episódica, es decir, aquella que se encarga de almacenar los recuerdos que hemos vivido en primera persona dentro de un contexto espacio-temporal y que, además, podemos expresar en palabras o imágenes aquello que ha sucedido.

 

Factores externos que afectan la memoria infantil

Hay que tener presente que cada vez que evocamos un recuerdo, lo alteramos. A veces de manera significativa, pero otras con una mayor distorsión. Eso se produce porque el hecho de recordar no es algo pasivo, sino que cuando accedemos al recuerdo, lo reescribimos con la nueva información y el contexto del presente, modificando así la memoria original.

Aparte de esto, hay otros factores externos que afectan nuestra memoria. Veamos algunos:

– Nutrición: ofrecer a nuestros niños y niñas una alimentación equilibrada en la que se incluyan frutas, verduras, proteínas y granos enteros, es decir, una dieta rica en hierro, zinc y ácidos grasos como el omega-3, les proporciona los componentes necesarios para el desarrollo del cerebro y el funcionamiento cognitivo.

– Sueño: tanto la calidad como la cantidad de sueño es importante para el desarrollo cognitivo e interfiere en la memoria y la capacidad de aprendizaje y retención. Que nuestros peques tengan insomnio, faltas de horas de sueño o sueño interrumpido, son factores que pueden interferir en los procesos cerebrales que condicionan su memoria.

– Actividad física: hacer ejercicio de manera regular mejora el flujo sanguíneo del cerebro, por lo que facilita la neurogénesis (es decir, la creación de nuevas neuronas) y la plasticidad cerebral.

– Exposición a tóxicos: la exposición a toxinas ambientales (como el plomo o el mercurio) puede tener efectos adversos importantes en la memoria infantil y en el desarrollo cognitivo, ya que pueden causar daños que afectan a las funciones del cerebro a largo plazo. Además, hay estudios que indican que la exposición al tabaco, tanto en la etapa prenatal como la postnatal, también tiene afectaciones cerebrales.

– Medios digitales: como sabemos, las pantallas han irrumpido en nuestra vida de manera abrupta. Un uso excesivo de la tecnología y los medios digitales puede interferir en el sueño, la atención y la memoria de nuestros peques; por ello, es recomendable encontrar un equilibrio para que podamos beneficiarnos del contenido educativo que nos pueden ofrecer.

– La familia: como principal agente y vínculo de nuestros hijos e hijas, su familia tiene un papel importantísimo en el desarrollo de su memoria. Si ofrecemos una interacción positiva, apoyo psicoemocional y una estimulación intelectual, fomentaremos el desarrollo cognitivo de nuestros peques; pero si, por el contrario, les ofrecemos un ambiente cargado de estrés, con altos niveles de cortisol (hormona del estrés) podría perjudicarles de manera grave.

– Experiencias traumáticas: como sabemos, muchos niños y niñas están expuestos a situaciones de riesgo que atentan contra su integridad (diferentes tipos de maltrato, abusos, etc.) y que pueden derivar en un trauma. Cuando un niño o niña experimenta un trauma, acostumbra a tener dificultades cognitivas tanto a corto como a largo plazo, siendo la ayuda psicológica y emocional totalmente necesaria para su recuperación.

 

Nuestro papel con la memoria infantil

Como principales figuras educadoras de nuestros y nuestras peques tenemos un papel importantísimo en el desarrollo de la memoria infantil. Es nuestra responsabilidad ofrecer a los y las más pequeñas un entorno tranquilo y pacífico, donde puedan vivir diversas experiencias que promuevan su curiosidad y su aprendizaje de una manera segura y organizada. Además, también debemos promover hábitos saludables como una buena alimentación, un ejercicio regular y un sueño adecuado a sus necesidades; hay que tener en cuenta que somos sus modelos a seguir, por lo que fomentar y practicar unos buenos hábitos les ayudará para su desarrollo cognitivo. Por otro lado, brindarles apoyo psicoemocional es crucial para que ellos y ellas crezcan en un ambiente seguro y de confianza, permitiéndoles experimentar, aprender y consolidar estos nuevos aprendizajes y conocimientos de una manera efectiva, pudiendo enfocarse en el aprendizaje y en el desarrollo de una memoria sólida.

Asimismo, podemos trabajar la memoria de manera lúdica con diferentes juegos, según la edad y los intereses de nuestros pequeños y pequeñas. Te damos algunos ejemplos:

– Para peques menores de 4 años:

– Memory. Es un juego muy sencillo que podemos crearlo de manera personalizada (con fotos familiares, fotos de animales, etc.). Consiste en usar cartas con pares de imágenes iguales. Las cartas están colocadas boca abajo y, por turnos, se deben girar para encontrar los pares coincidentes. Aconsejamos que, para este nivel, no haya demasiadas cartas y que las imágenes sean sencillas. Con el Memory podemos mejorar la memoria visual y la concentración de nuestros niños y niñas.

– ¿Dónde está? Esconder objetos debajo de una manta o una caja mientras nuestro niño o niña observa y luego enseñárselo les ayudará a desarrollar la memoria visual, así como la permanencia del objeto. Podemos acompañar el juego verbalizando “¿Dónde está?”, y que sean ellos y ellas quienes lo destapen y descubran.

– Sigue los colores. Para trabajar los colores, la memoria secuencial y la atención, podemos crear secuencias con diferentes colores utilizando bloques o fichas y el niño o la niña los tiene que repetir en el mismo orden.

– Para peques mayores de 4 años:

– Simón dice: este famoso juego en el que se dan instrucciones que deben seguir los niños y niñas solo si van precedidas de un “Simón dice” es clave para mejorar tanto la memoria auditiva como la atención de los más pequeños.

– ¿Qué hay aquí encima?: En este juego se colocan algunos objetos en una superficie, el niño o la niña lo observa y al cabo de un momento se tapa, así deberán decir todos los objetos que hay. De esta manera, se practica la memoria visual y la retención. Una variante de este juego es eliminar un objeto o moverlos de sitio y que el peque diga cuál falta o los coloque en el orden original.

Así pues, la memoria es un factor evolutivo que irá pasando por diferentes etapas a lo largo de nuestra trayectoria vital. Como figuras de referencia en la infancia de nuestros niños y niñas, tenemos dos tareas muy importantes acerca de la memoria. La primera, entender como funciona, es decir, tener unas pinceladas sobre la manera en la que se desarrolla y en los diferentes tipos de memoria que interfieren en esa edad. La otra tarea es la construcción de una infancia feliz, rica en experiencias positivas y estímulos adecuados que favorezcan el desarrollo de una memoria sólida y detallada, además de que les proporcione a nuestros niños y niñas una base de seguridad y confianza, que les ayude en su aprendizaje y en sus habilidades, pero también en la construcción de una identidad personal saludable.

Autora: Laia Ruiz. Educadora Social.

 

FUENTES

Ortega, I. S. y Ruetti, E. (2014). La memoria del niño en la etapa preescolar. Anuario de Investigaciones, vol. XXI, pp. 267-276.
Siegel, D. J. y Payne, T. (2012). El cerebro del niño. Editorial Alba.

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